domingo, 25 de septiembre de 2005

El Corzo sorprendido en los boques de Valdeón.

Este pequeño cérvido de constumbres mucho menos gregarias que el ciervo, vive en los bosques que cubren los valles y las faldas de las montañas, donde se oculta con gran habilidad entre el sotobosque. Es muy difícil verlo, pero basta con darse un paseo por el interior del bosque para detectar tarde o temprano su presencia, bien sea a través del reconocimiento de sus huellas o excrementos, o por los "ladridos" tan característicos que emiten los machos para defender su territorio.

Pocas veces he logrado verlos, y cuando lo he conseguido, han salido corriedo asustados hasta perderse por el sotobosque. Pero en esta ocasión, he tenido la suerte de encontrarme con este ejemplar que apenas se ha inmutado y me ha permitido incluso sacar mi cámara. Para mí ha sido una grata sensación, porque este es uno de mis primeros paseos por el valle donde acabo de establecer mi residencia.

Foto: Miguel Varona.
Probablemente dormía encamado entre los tojos hasta que le alertaron mis pisadas. Los corzos uelen escoger los linderos de los bosques, normalmente poblados por densa vegetación arbustiva, ideales para sus horas de descanso durante el día.

Como todos los cérvidos, los corzos pierden y regeneran su cuerna cada año, pero esta es mucho más reducida que la de los ciervos, probablemente como consecuencia de su adaptación a la vida en los bosques. Sin embargo sigue cumpliendo su función de defensa en las luchas entre machos territoriales, especialmente frecuentes durante la época del celo.

Efectivamente, su marcado sentido territorial se hace mucho más evidente a comienzos de la primavera, momento en el que su comportarmiento experimenta un cambio radical. Dejan de ser sociales y tolerantes con sus congéneres, y ya no permiten la compañía de un semejante merodeando cerca de su territorio. Para ello emprenden la difícil tarea del marcaje, difícil porque lo más probable es que las parcelas más interesantes del bosque estén ya ocupadas por otro adversario.

Ya en el mes de julio su agresividad es tal que no dudará en enfrentarse a cualquier cosa que cruce por su parcela, aunque sea un hombre. Sólo son tolerantes con una hembra, a la que siguen zigzagueando con el hocico levantado.

Tras el acoplamiento, el huevo fecundado no inicia la gestación hasta noviembre o diciembre, de modo no será hasta abril o mayo cuando las hembras alumbren a su camada, normalmente compuesta por una o dos crías. La familia se mantiene unida mientras las crías tengan menos de un año de edad. A la primavera siguiente vuelven a separarse y cada uno ocupará su parcela.

FICHA TÉCNICA:
Lugar del avistamiento: Monte Piergua, Valle de Valdeón (León).
Fecha del avistamiento: 25 de septiembre de 2005.
Nombre común: Corzo.
Nombre científico: Capreolus capreolus L.
Familia: Cervidae.
Posición sistemática: Clase Mamíferos; Orden Artiodáctilos.
Longitud: Unos 135 cm. entre cabeza y tronco (hasta  75 cm. de altura en cruz).
Hábitat: Bosques abiertos en las regiones montañosas.
Distribución geográfica: Por toda Europa y Asia Central.
Biología: Preferentemente solitario, aunque en determinadas condiciones pueden establecerse pequeños grupos familiares. Los machos defienden y marcan sus territorios. Se alimentan de todo tipo de plantas herbáceas.
Otras localizaciones constatadas: Bosque de Hormas (Riaño, León), 15 de abril de 1995. Pinar de Campo Sagrado (León), 27 de mayo de 1997. Monte Pardomino (León), 12 de febrero de 2000. Jurcueto, Soto de Sajambre (León), 1 de junio de 2010. Laguna Grande (Soria), 26 de mayo de 2011. Pinar del Monte Abantos (Madrid), 13 de octubre de 2012. Sierra de La Culebra (Zamora), 13 de abril de 2014. Sierra de Cazorla (Jaén), 19 de abril de 2014. Valle de Iruelas (Ávila), 29 de mayo de 2014.

Corzo fotografiado en el Valle de Iruelas (Ávila). Foto: Miguel Varona.

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